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miércoles, 1 de abril de 2026

Proyecto Salvación: el cine está salvado (de momento)

 "Proyecto Salvación" (supongo que "Proyecto Último Recurso" o "Proyecto Intento Desesperado" quedaba demasiado largo) es un peliculón. Y ni siquiera me lo esperaba. Las anteriores películas de Lord y Miller eran sencillamente una payasada, lo que provocó que les echasen a patadas en mitad del rodaje de la peli de Han Solo al ver que seguían en su línea de siempre de pitorrearse del canon establecido de lo que adaptan y perder tiempo de rodaje con interminables improvisaciones. Y aquí parece que han aprendido la diferencia entre añadir algunos toques de humor en una historia muy seria y llena de dolor y de peligro, y simplemente no tomarse nada en serio. Aunque ahora que esta película ha arrasado en taquilla el relato para algunos es "que rabie Disney por haberles dejado escapar", yo lo veo como que aquella patada fue necesaria para que madurasen como cineastas. O tal vez me equivoco y no han madurado en absoluto, sino que simplemente han tenido que ceñirse al guion de Drew Goddard, que es alguien que sabe lo que hace, limitando la comicidad de la película al adorable Rocky. El caso es que la película transmite humanidad e inteligencia, y se deja claro que el esfuerzo para salvar la Tierra es global, con lo que no tenemos una banderita estadounidense manchando planos para dejar claro quiénes son los reyes del mambo. Quizá lo único que apestó a americanada es cuando dicen que el personaje de Ryan Gosling es alguien que se sacrifica por los demás sin esperar nada a cambio, y preguntan cuál es la palabra para llamar a eso. Y Gosling no dice nada, pero deja escrita la respuesta: "valiente". NO. ¡La respuesta es "altruista"! Pero en EE. UU. la influencia de una nefasta escritora ultraderechista llamada Ayn Rand ha hecho que allí el altruismo sea considerado algo malo. Ese detalle fue lo único que me chirrió de todo el conjunto.

Al menos no se llama "Proyecto Ave María" (cuándo serás mía) ni la ha hecho Chris Pratt

Las dos horas y media de la película no me pesaron para nada en el cine, pero sé que lo harán en televisión cuando llegue a Prime Video, su destino y su tumba al ser una producción de Amazon Studios/MGM. Y sin embargo es una peli de grandes panoramas, de silencios, de momentos de incertidumbre que se estiran para que cale la importancia de lo que está sucediendo, y sin embargo para el espectador casero, esa estupenda gradación del ritmo es una invitación para mirar el móvil y salirse del momento y de la historia. Vivimos tiempos horribles, pero me gusta que, siendo una historia hermana de "Sunshine" (se está apagando el sol y hay que enviar una misión de ida para intentar evitarlo), aquí se mantenga la inteligencia y tenga un tramo final a la altura de lo contado sin perder el rumbo como sí ocurrió en la interesante pero mal rematada película de Boyle y Garland, que de pronto se volvía un "slasher" absurdo. Ahora tengo bastantes ganas de leer el libro de Andy Weir y espero que el exitazo de "Proyecto Salvación" haya trazado un camino para seguir haciendo las cosas bien en el cine mainstream en el futuro.

jueves, 18 de enero de 2024

Justificación no pedida, culpabilidad manifiesta: El juicio del motín del Caine

 William Friedkin nos deja como película póstuma "El juicio del motín del Caine" (2023, estrenada en el canal SkyShowtime), una película tan extraña que más que película, es un artefacto. Para empezar, se abre con el logotipo de Republic Pictures, una famosa productora independiente que desapareció en 1967 y por algún motivo ha sido relanzada ahora, lo que es la primera señal de que vamos a ver una obra de otro tiempo. Más concretamente, una obra de teatro filmada, o casi televisada. Los motivos de Friedkin son extraños. ¿Sólo fue capaz de levantar un telefilme como proyecto siendo un director anciano sin ningún éxito de taquilla en varias décadas, o hubo una intención nostálgica de vuelta al principio, de cerrar el círculo en un guiño a sus orígenes como como director televisivo?

El caso es que esta película parece una obra de subsistencia (algo que no tiene sentido, dado que Friedkin vivía holgadamente gracias a los royalties de "El exorcista" y de haber estado casado hasta su muerte con una poderosísima ejecutiva de Paramount, el estudio que finalmente ha estrenado esta película) rodada firmemente en un único escenario, el tribunal donde tiene lugar el consejo de guerra (porque el verdadero título de esta versión es "El consejo de guerra del motín del Caine") sin el menor intento de darle "aire" mostrando los hechos previos (que sí estaban en la película original con Humphrey Bogart) según se producían ni la menor pretensión cinematográfica de presentar imágenes espectaculares más allá de algún discreto travelling. Sin embargo, esta limitación sin duda dictada por el presupuesto acaba revelándose también autoimpuesta, porque Friedkin no era tonto. De hecho, cualquiera de sus entrevistas revela a un tipo extremadamente inteligente y que confiaba en el poder de la palabra, que dominaba totalmente, siendo quizá uno de los directores que mejor sabía arrastrarte a sus historias en cuanto abría la boca, junto con Kevin Smith y Werner Herzog.

La película parece arrancada de los años 50, y por eso desconcierta que expliquen que los hechos tuvieron lugar en 2022 y que uno de los castigos del tiránico capitán Queeg fue cortarles internet seis meses (una clara trasposición de prohibirles escribir cartas a casa), porque realmente parecemos estar sumergidos en una película rodada en un plató del Hollywood clásico. El vocabulario es muy literario y añejo, como salido del siglo pasado (el grumete pelirrojo disculpándose por decir "goddamned" como si fuera un taco, el abogado dice "he hemmed and hawed", etc.), y hasta el acusado en el consejo de guerra parece ser uno de los típicos héroes de mandíbula cuadrada y escasa expresividad de las películas de serie B de esa época, en una elección claramente deliberada. Todos y cada uno de los personajes responden a estereotipos narrativos de entonces, pese a haberse inyectado en el reparto de forma estratégica a actores de distintas minorías (la fiscal es medio dominicana, el juez es Lance Reddick, la psicóloga es asiática, etc.).

Un héroe de los de antes

Sin embargo, según avanza la película, esta estrategia reduccionista acaba dando sus frutos, porque permite que nos centremos en los hechos fríos, que lenta pero inexorablemente hacen que el cerco se vaya estrechando en torno al capitán que fue relevado por el héroe. Aunque inicialmente el abogado defensor parece inepto o negligente, al mostrar una visible desgana e ir haciendo concesiones inexplicables a la acusación, su estrategia de dejar que los hechos hablen, un poco como la de Friedkin en esta película, va haciendo avances mayores o menores, bastante grandes cuando un evaluador psicológico ligeramente amanerado (apuntando por última vez a la siempre sospechada homofobia de Friedkin) revela no estar demasiado capacitado en su trabajo. De ese modo, el abogado defensor (Jason Clarke, ese sosías de Colm Meaney que había hecho de fiscal en "Oppenheimer" y al que obviamente no le importa quedar encasillado en papeles de abogado con tal de seguir trabajando), va afianzando su estrategia de defensa que bordea el desacato pero resulta eficaz.

Como diría el jefe O'Brien, "dame pan y te manejo el teletransporte las temporadas que sean".

Así, llegamos a mitad de película estableciendo que su evaluación psicológica quizá fue negligente al ser el capitán un paranoico con complejo de inferioridad y que el acusado es un experto marino que había pasado en barcos toda su vida y que conocía el mar mejor que nadie. A continuación, el acusado narra el incidente por el que llamaron al capitán "Mancha amarilla" (un término que viene del original reflejando el significado de cobardía de "yellow" y que aquí sigue sin explicarse para espectadores modernos, vulgares y lerdos que también significa claramente "viejo que se mea encima") que habíamos podido presenciar en la versión de 1954, y varias situaciones fácilmente contrastables con la tripulación que muestran que el capitán está algo desquiciado. El tribunal toma notas furiosamente. ¡Pero aún queda media película! ¿Entonces?

Entonces la fiscal viene a decir que el héroe es un cateto y que nada de lo que dice es de fiar porque no sacó buenas notas en sus estudios. Después, la defensa llama de nuevo al capitán Queeg, que intenta disimular un poco el movimiento obsesivo de sus pulgares (algo que ya vimos en su primera intervención y que llamaba muchísimo la atención, aunque Friedkin lo mostrase en plano general sin necesitar subrayarlo en un torpe plano detalle como habría hecho un director menor) pero sin mucho éxito. Además, ahora que ya sabemos que anda algo desquiciado, nos llama mucho más la atención su forma de hablar ligeramente ida que suena un poco a la del cómico Norm MacDonald en el original, algo que es claramente una elección deliberada, lo que se nota en el contraste entre los primeros segundos de este vídeo (fijaos en las manos) y la entrevista con Kiefer Sutherland fuera del personaje.

Me llama la atención en ese vídeo ver a Friedkin dirigiendo la que era obviamente su última película

El segundo testimonio del capitán establece que miente (al recuperar la memoria de pronto y decir que se ha liado cuando resulta evidente que van a descubrir que intentó cargar licor irregularmente en el barco) y exagera (al afirmar por ejemplo que la gente se duchaba siete veces al día), estrechando más el cerco sobre la verdad. Sutherland es un catálogo de tics y de risotadas en momentos inoportunos, mostrando que no está muy en sus cabales. Tras su testimonio, un simple plano del tribunal muestra que han quedado desconcertados por la falta de estabilidad que aparenta.

Un momento, pero quedan 20 minutos de película. ¿Entonces?

Esto ya era así en el original, pero quizá aquí es algo más sutil. En el original incorporaban un giro brusco de cabeza y un silencio demoledor para subrayar lo mal que estaba quedando el capitán, y aquí viene a ser lo mismo pero con menos teatralidad, hasta el punto de que un espectador poco atento o poco inteligente podría no captar lo que ha pasado. Aun así, el modo en el que Friedkin filma a continuación a la fiscal entrando en el plano desde abajo diciendo que no tiene preguntas ya indica que se ha desbaratado su seguridad y que está desconcertada. Que están todos sin palabras al ver lo inestable que parece ser el capitán, el cual se levanta para irse con un lenguaje corporal incómodo que muestra que es consciente de que la ha cagado y se aleja cabizbajo. En una película menos rigurosa, aquí subiría la música (un elemento que destaca por su total ausencia en la película) y pasaríamos directamente a la absolución. Pero quedan veinte minutos para que termine la película. ¿Y eso? ¿Qué nos reserva aún la historia?

La fiscal queda tan desconcertada que ni siquiera quiere hacer un alegato final, pero se ve obligada a hacerlo ante el requerimiento del juez y entonces libera su furia pidiendo la máxima severidad contra el héroe acosado Y contra su abogado, aunque con unas vacilaciones en momentos clave que indican que ni ella misma se cree mucho lo que está diciendo. Después, el defensor expone de una forma sincera (y sabemos que es así porque antes se lo había expresado en privado a su defendido) que aceptó el caso a regañadientes y que no le quedaba más remedio que basar su estrategia en desacreditar la cordura del capitán, planteando una pregunta incontestable: si ante unas preguntitas hemos visto que el tío mostraba tan poco juicio, ¿cómo no iba a mostrarse totalmente desequilibrado en una situación de máximo estrés y peligro de muerte?

La película pega un pequeño giro final cuando, quedando diez minutos para el final y estando el juicio visto para sentencia, hay al fin un pequeño cambio de escenario, pero negándose obstinadamente a darle "aire" a la película, pues la escena empieza no en exteriores sino en oscuridad total, revelándose al encenderse las luces que estamos en una incongruente fiesta montada por un escritorcillo amigo del acusado (y cuyo testimonio cobarde no le ayudó en el caso) festejando la publicación de su primer libro, pero también un poco para celebrar el final del juicio (cuya resolución no llegamos a ver pero presuponemos favorable), dando un contraste entre la frialdad y esterilidad del tribunal y un ambiente distendido de jóvenes ruidosos y bebedores, entre los que el abogado se declara "el más borracho" (acaba de llegar a la fiesta, pero revela que antes estuvo bebiendo bourbon con la fiscal), y muestra asombro por el adelanto de 10.000 dólares que recibe un personaje secundario por la publicación de su novela, como si fuera una cantidad en algún modo significativa. Eso le da pie a hacer un discursito diciendo lo que piensa (in vino veritas) y revela (SPOILERS DEL GIRO FINAL A PARTIR DE AQUÍ) que en realidad Queef no era culpable, que era alguien que había defendido al país durante décadas, algo con un valor inmenso tras el 11-S (hasta dice que él mismo se alistó para "bombardear a cabrones en Oriente Medio" como venganza), que en realidad Queef era un gran hombre que había hecho grandes sacrificios por defender el país (en el original, los atacantes eran obviamente los nazis en la 2.ª Guerra Mundial) y que todo se debió a una experta manipulación del escritor de a bordo para hacerle perder los nervios, algo que en el original sonaba más a disculpa o "disclaimer" estándar de cine clásico para no ofender a los espectadores rancios y complacer al ejército, que tenía que dar su aprobación al guion, pero aquí parece ir más en serio (en el original sí se vio el comportamiento del capitán y era evidente que SÍ era un puto lunático). El abogado echa un último trago y después le tira el resto de la copa a la cara del escritor (bourbon en este caso, champán en las versiones anteriores de la historia, dejándole una "mancha amarilla") y justo en ESE momento acaba la película (a diferencia que en el original, que iba más allá), entrando los créditos finales de pronto con el rótulo gigante ESTA PELÍCULA ESTÁ DEDICADA A LANCE REDDICK (que murió repentinamente en 2023) y una canción disco setentera totalmente incongruente con la época del original o la nuestra (se trata de "Lowdown", grabada en 1976 por el cantante blanco que suena a negro Boz Scaggs y con una letra sobre una chica a la que "tienes que meter en vereda" que está contigo por tu dinero, que se gasta "como si cayera del cielo", y "alguien tiene que decirte la maldita verdad, me pregunto quién te metió esas ideas en la cabeza") y revelándose que el guion adaptado lo hizo Friedkin. Y ahí te quedas a cuadros mientras suena una voz muy llena de "soul". Es un gesto bastante punk tras una película tan firmemente clásica, una especie de paralelo al sobrio abogado soltando verdades borrachísimo y la verdadera despedida de un director que siempre ha hecho lo que ha querido en los buenos y en los malos tiempos.

Esta es una despedida mucho más digna que la de John Wick 4, hablemos claro.

Pensando un poco más en el giro final, me parece que hay más paralelismos con Friedkin. Esa acusación final que realiza el abogado en la fiesta contra el novelista como arquitecto de la situación revela la importancia del narrador que se oculta entre bambalinas como un cabroncete capaz de presentar a su gusto la realidad e incluso alterarla con su influencia. Y me hace pensar en todas las historias claramente falsas que ha ido contando Friedkin como si fueran reales a lo largo de muchos años. Este apuntar con el dedo al aspirante a novelista es casi como una pequeña confesión final, un "os estado tomando el pelo". Es así, ¿no? Durante toda la película me había estado preguntando cuál era el sentido de rodar una peli así en 2023 como peli final. ¿Quizá lavar el mal sabor dejado por "El diablo y el padre Amorth", o evitar que algo tan sórdido como "Killer Joe" fuera su película final? ¿Un gesto para decir "soy un director clásico" dirigiendo una simple pero sólida película de juicios? ¿O quizá pretendía reivindicar el valor de la palabra y de la sustancia por encima del estilo en una era excesivamente visual? ¿O quizá fuera simplemente lo único que podía dirigir alguien de su edad con la muerte susurrándole al oído? Ese giro final me hace pensar que es un pequeño guiño de despedida, un "os he hecho creer lo que yo he querido todo este tiempo y os lo habéis tragado, así que a lo mejor soy algo capullo, ¿no?", pero quién sabe. Esa identificación con el novelista que está ahí en segundo plano "dirigiendo" la acción la veo en guiños como ese decirle "acabarás ganando un millón de dólares y casándote con una estrella de cine" (y, en efecto, Friedkin estuvo casado con un par de actrices antes de optar finalmente por la ejecutiva que movía los hilos con la que acabó sus días). ¿Es una admisión de culpa final? Sea cual sea la respuesta, ahí queda esta película como despedida de uno de los directores fundamentales del siglo XX.

martes, 24 de enero de 2023

Chained Echoes: una agradable sorpresa para cerrar 2022

Iré al grano: Chained Echoes es el videojuego que más me ha sorprendido en 2022. Acudí a él atraído por sus excelentes gráficos de "pixelart" de estilo 16 bits (o quizá 32 bits, dado su increíble grado de detalle) y me encontré lo que esperaba de él, una carta de amor a los JRPGs clásicos, pero también mucho más. Todo en este juego habla de auténtico amor por el género y casi parece un juego clásico japonés, pese a haber sido creado en Frankfurt, la ciudad alemana en la que vivo, por un desarrollador independiente, Matthias Linda, que sacó adelante el proyecto por su cuenta.

Además de amor por el género, hay amor por las mascotas, a las que puedes acariciar.

El juego es increíblemente ambicioso, con varios personajes jugables perfectamente definidos cuyas vidas acaban entrelazadas: dos mercenarios que al principio luchan en un conflicto de cuya visión de conjunto carecen y "la lían parda", una bienintencionada princesa que se mezcla con sus súbditos de incógnito junto con su inquietante protector, una ladrona bastante sinvergüenza pero con un punto de compasión y un famosísimo escritor de una raza muy longeva que presencia los acontecimientos con curiosidad de artista. Cada uno tiene un papel distinto y es muy interesante que ninguno sea el gran protagonista, sino que se apoyen unos en otros.

Lo increíble del juego es que la excelente calidad de sus gráficos y de su música (que también es impresionante, con orquestaciones muy logradas, compuesta por Eddie Marianukroh) ni siquiera es lo mejor que tiene que ofrecer, con un guion bastante maduro que no peca precisamente de previsible y varias sorpresas que se salen de la plantilla del género. Voy a permitirme destripar sólo una: hay una carrera de tortugas que tiene lugar acompañada por música de lo que a mis oídos poco entrenados en el heavy metal me suena a speed metal escandinavo. Hasta el modo en el que consigues ganar la carrera es una ocurrencia brillante. Este juego tiene ideas, tiene cabeza y tiene corazón. Las misiones secundarias también son increíbles. Es una pequeña maravilla.

¿Deberíamos dejar tranquilo a este pobre diablo o ayudar a su mujer a encontrarlo?

Todo esto debemos agradecérselo a la tenacidad de Matthias Linda, que mantuvo vivo el sueño de crear este juego durante siete años y recaudando fondos para ello en Kickstarter en 2019, como todos sabemos poco antes de que pasase un pequeño fenómeno mundial de carácter vírico que nos ha roto la vida a todos. Pero el resultado está aquí y es apabullante. No sólo la historia principal es de gran calidad, sino que hay misiones secundarias brillantes en abundancia, con lo que el juego te invita a sumergirte y echarle más y más horas, sólo si quieres, claro, por lo que tú eliges si quieres seguir adelante en la historia o buscar en el mapa más oportunidades de mejora en las que el juego te recompensará generosamente. Puedes aprender una serie de habilidades y mejorar tus armas con cristales especiales en un yunque. Está todo muy bien pensado y los combates no son aleatorios e irritantes como en bastantes JRPGs clásicos, sino que ves a los enemigos en el mapa y a veces puedes elegir simplemente evitarlos, o huir de un combate iniciado sin consecuencias. El combate sigue un esquema clásico pero con unas cuantas ideas propias, y una de sus mecánicas es que el grupo encuentre el punto justo de motivación para luchar con el rendimiento máximo, sin estar demasiado frío pero tampoco agotarse. Esto te empuja a ir usando hechizos de curación o movimientos de defensa en vez de simplemente atacar ciegamente. Realmente es un sistema bien equilibrado, y me encanta el detalle de que después de cada combate simplemente recuperes toda tu salud y tus puntos de magia/maná, con lo que el juego te anima a usar los ataques y hechizos que quieras cada vez y simplemente seguir adelante en vez de forzarte a jugar de un modo demasiado defensivo para mantenerte con vida. Realmente es un juego muy bien diseñado.

¿He dicho ya que este juego tiene muy buenos gráficos?

Lo mejor es que el juego no se agota enseguida, sino que sigue creciendo más y más, convirtiéndose en una gran aventura (con más de 30 horas de juego) y en una entrada clásica del género, pese a no contar con el respaldo de las grandes compañías desarrolladoras. Cada año salen muchos juegos, y unos cuantos son juegos de rol al estilo clásico. Ninguno me ha impactado como este CHAINED ECHOES, que recomiendo totalmente. Se puede jugar en todas las consolas de la generación actual, pero por supuesto yo lo recomiendo en PC, y lo podéis encontrar en Steam.

Nota: 9/10


lunes, 19 de septiembre de 2022

Better Call Saul - unas palabras sobre el final

Si no quieres spoilers sobre el final (aunque he procurado ser relativamente vago al respecto) no leas esta entrada, obviamente. Es una respuesta que me hicieron en otra red social a la pregunta de qué opino de Better Call Saul en su conjunto y si creo que el final la arruina. Corto y pego:


Al principio tarda demasiado en arrancar, eso es cierto. No tienen miedo a desperdiciar capítulos enteros son sólo para "dar textura". Si eres muy fan es genial, pero si no, puede ser un dolor, y por eso se bajó tanta gente. Luego remonta y vuelve a molar a tope, pero muy tarde.


¿El final la arruina? Es una interpretación posible. Cerrar una serie es MUY difícil. A mí me parece un final forzado y moralista, porque entiendo que Saul/Jimmy dé al botón de apagado y diga "hasta aquí". Lo que no es razonable es que no sólo dé al botón de apagado sino que dé la marcha atrás. Ni eso: da media vuelta y se lanza como un kamikaze buscando el camión más grande contra el que estamparse. Ni siquiera entiendo cómo salvaba eso a la otra, a la que ya nadie iba a juzgar en cualquier caso. Me parece que quedaba forzadísimo. En una entrevista que dio Vince Gilligan para hablar del final de BCS comentó lo injusto que era que los espectadores de BB percibieran a Skyler como un personaje negativo. Pero es que LO ERA. Lo presentó claramente como un personaje emasculador que contribuía a que la vida fuera tan frustrante para Walter White, era lo que en inglés se llamaría "foil", la aguafiestas que le amargaba la vida. Que luego a Gilligan le asustase la oleada de odio incel que despertó no cambia ese hecho, por mucho retcon que pretendiera hacer luego. Por eso, el final de BCS me parece ridículo, haciendo que el protagonista actúe de una forma totalmente contraria a su naturaleza y que lo intente justificarlo con un par de flashbacks metidos a calzador que además pecan de lo que habían estado evitando toda la serie: meter sin ningún motivo narrativo a Walt y a Jesse, lo que hace pensar que si no lo hicieron antes no fue por integridad sino por simple falta de disponibilidad de los actores, al darse cuenta de que sólo les podían pedir UN favor, una aparición para agradecerles hacerles hecho famosos pese a estar ya claramente a un nivel superior al de un spinoff televisivo de éxito muy discretito, y lo reservaron estratégicamente para el final de la serie.


Pero el verdadero mal sabor de boca que arrastraré toda la vida es que iba siguiendo cada capítulo con las reseñas que iba escribiendo un autor muy sensible y perceptivo, Philip J. Reed. Quizá *demasiado* sensible y perceptivo, porque se suicidó a sólo dos capítulos del final. Además de la gran pérdida humana que esto supone, siempre me quedará la espina de no poder haber leído lo que opinaba del final, porque era alguien muy brillante y sus análisis siempre me aportaban mucho. Estoy seguro de que me habría iluminado y que a lo mejor ahora entendería mucho mejor ese final y sería mucho más comprensivo con las decisiones que tomaron Gilligan y Gould.


D.E.P. Philip J. Reed

El blog de Philip J. Reed estará activo probablemente sólo hasta finales de año, así que si os interesa su opinión sobre Better Call Saul será mejor que le echéis un vistazo cuanto antes.

http://noiselesschatter.com/


sábado, 31 de octubre de 2020

The Boys: los chicos sois vosotros. Madurad




The Boys tiene un total de una (1) idea buena: si los superhéroes existieran, su integridad moral no sería lo que regiría su comportamiento, sino la lógica corporativa del más salvaje capitalismo.

Lo que sigue es un festín de ultraviolencia y gamberrismo en el que los personajes que no son los protagonistas imprescindibles caen como moscas, mientras los verdaderos protagonistas van salvándose una vez tras otra porque sí, con giros muy improbables de la trama.

Las raíces se ven bien claras en los típicos cómics "para mayores" que son en realidad para epatar. El autor original es Garth Ennis, pero podría haber sido Warren Ellis o incluso Mark Millar: el mundo es horrible, todo el mundo está corrupto y puede pasar cualquier cosa, porque no hay reglas. La película del "Wanted" de Millar había sido lo suficiente sensata para convertir "Eminem se une a la orden de los supervillanos que mataron a Superman y hace lo que quiera, o sea, violar y matar, por el mundo" en una fantasía de poder para treintañeros alienados siguiendo el molde de "El club de la lucha". Aquí no: aquí se lanzan al agujero de que casi todo se puede mostrar, porque es tele por cable... perdón, plataforma de streaming (cómo pasan las décadas para los que ya somos cada vez más viejos), pero ojo, CASI todo. Al principio de la serie muestran a un tío totalmente en pelotas luciéndose, pero tranquilos, que no será por mucho tiempo, sólo el primer capítulo (me recuerda a cuando en el primer capítulo de Stargate SG-1 salía una señorita desnuda en un rito egipcio chungo y luego el resto de la serie procedía a ser la cosa más sosa y que se puede ver mientras meriendas en casa de tus abuelos que te puedas imaginar). De lo que sí te vas a hartar es de CABEZAS EXPLOTANDO, batiendo récords en ciertos capítulos, reventándolas como quien revienta bolitas de aire de plásticos de embalaje en una tarde aburrida. Y si pueden matar a alguien arrancándole miembros o incluso la cara lo van a hacer, porque... ¿para qué matar de forma normal? La serie hace ostentación de un enorme presupuesto para destruirlo todo, pero ojo, sólo en algunos capítulos importantes, lo normal en una serie. Unos capítulos ostentan y otros ahorran, pero por suerte no hay ningún "episodio botella" (faltaría más, con sólo 8 capítulos por temporada...).

La idea central es que los superhéroes están totalmente corrompidos por el capitalismo y NI UNO SOLO se sale de ahí, ni uno solo hasta que entra en juego la chica de la serie, claro. "Luz Estelar" ha sido entrenada desde pequeña por su madre para convertirse en una muñequita de las corporaciones, pero claro, la chica se ha creído realmente lo de que debe ser virtuosa. No tanto como para convertirse en la cristiana descerebrada que estaba predispuesta a ser, porque a ver, es la protagonista, pero sí para rebelarse contra la chunguez que presencia. A partir de ahí, empieza a cometer una insensatez tras otra guiada por su amor por el cabezón protagonista (un "galán" que no parece haber recogido los mejores rasgos de sus padres, Dennis Quaid y Meg Ryan, y ha quedado bastante contrahecho) y por las arbitrariedades de la trama, pero no pasa nada, porque se va a salvar de todo, es la protagonista.

Grandes cabezones panolis del siglo XXI

Cuando te das cuenta de que los protagonistas están "protegidos" por la trama (son los "Boys" del título, después de todo), se pierde un poco esa sensación de peligro hacia ellos. Te das cuenta (cuando ellos mismos lo revelan) de que son El Equipo A, con "Carnicero" como Aníbal (lo dicen en la serie, literalmente), Frenchie como el loco (por las drogas) Murdock, el irritable negro M.A.... perdón, M.M. (Mother's Milk, "Leche Materna" -?!) y el chico cabezón como el improbable follarín Fénix, que conquista a Luz Estelar y es un genio de la tecnología y de las ocurrencias salvadoras contra todo pronóstico. Al grupo se une un tigre homicida japonés que Frenchie cree que puede domar simplemente acariciándole el lomo (y tras estar inicialmente a punto de perder el brazo, en un par de episodios lo consigue) y de forma extraoficial, Luz Estelar. El resto de personajes asociados al grupo acaban muertos. Dado que los superhéroes pueden hacer absolutamente todo, incluido un control absolutamente total de todo el mundo en todas sus formas, la excusa para que los personajes no superpoderosos sigan vivos lo suficiente para que avance la trama suelen ser improbables chantajes o acuerdos basados en el honor "sólo por esta vez". Cuando un personaje deja de ser necesario, lo que sigue es una escena en la que su cuerpo acaba destrozado de una forma grotesca, normalmente con un agujero donde antes estaba su cara.

Un Equipo A para millennials. Y por cierto, Eddie Van Halen seguramente haya muerto tras ver esa camiseta


La serie no tiene absolutamente nada de realista. Es un "todo vale" continuo con un montón de pullas a personas de la vida real de nuestro 2020, que aparentemente coexiste con el extraño mundo de la serie sin ningún problema: Prince sigue muerto, Joss Whedon ha hecho películas de superhéroes y Seth Rogen no para de dar la paliza por la tele (ahí la serie explota hasta el límite el único verdadero cameo de alguien importante, porque es productor de la serie: el resto de apariciones "as himself" es bastante lamentable, como las reiteradas apariciones de un acabadísimo y calvísimo Billy Zane).

Bueno, ¿y las conexiones con la vida real que ostenta la serie? Al igual que Sacha Baron Cohen usa a Borat como instrumento de combate contra el antisemitismo disfrazando sus intenciones de humor, el creador de la serie Eric Kripke, también judío, también usa la serie como excusa para atacar abiertamente el preocupante resurgir actual del fascismo como fuerza seductora de las masas, y no se anda con rodeos: los superhéroes realmente poderosos son nazis, nazis LITERALES (la historia lo lleva hasta el último extremo), y los demás son unos pobres diablos: la Wonder Woman de la serie es una lesbiana/bisexual que se vio obligada a enterrar su sexualidad original para poder ser la heroína que todos esperaban, hasta que se puso de moda lo contrario y ser lesbiana pasó a ser guay, el negro trotón imbécil que metió al protagonista en la historia es un drogata narcisista que no para de tomar malas decisiones y lo único que le preocupa es su supervivencia y mantener su estatus, y el Aquaman de la serie es un patético violador sin propósito en la vida que sólo hace que provocar la muerte de los seres marinos que ama (algo llevado por la serie hasta los extremos más hiperbólicos, convencida como está de que las muertes horribles son una cosa divertidísima) y que acaba captado por una triste secta que no es más que el enésimo trasunto perezoso de la famosa secta de Cruise y Travolta. Pero ahí terminan las preocupaciones del "showrunner": todo lo que no sea dejar claro que los nazis y los incels de la alt-right supremacista blanca dan mucho asco vale para acrecentar el DRAMA o simplemente hacer un chiste. El momento de mayor irresponsabilidad sin ninguna duda es cuando al final de la segunda temporada presentan a un personaje basado en alguien real (y esto no lo digo yo, es algo reconocido abiertamente) con una integridad a prueba de bombas como villano psicopático. Para entendernos, es como si una serie de los años sesenta presentase al pastor "Marvin Luger Bing", un luchador por los derechos civiles afroamericano que finalmente se revela un asesino en serie que estrangula manifestantes antisegregacionistas. Así de lamentable es la decisión, y quizá sea algo que acabe mancillando la serie, como aquella vez que en Star Trek Discovery presentaron al desgraciado de Elon Musk como un gran hombre (algo que por suerte quedó totalmente recontextualizado por una revelación de final de temporada).

Estas son las conclusiones que he extraído viendo las dos primeras temporadas de la serie. Mientras, cada día leo en las redes sociales a un montón de gente absolutamente deslumbrada con la serie, que dice que es una maravilla, un puntazo, una maravillosa puesta al día de "Watchmen", etc. (De hecho, la falta de integridad de esta serie me hace apreciar aún más la estupenda serie de "Watchmen" que nos ofreció Lindelof el año pasado, de la que únicamente me disgusta que convirtiera a Ozimandias en un bufón). Me temo que no: "The Boys" es una basurilla. Es una serie en la que todo vale, un culebrón ultraviolento pulp que pone la diversión (que es lo que os gusta, bribones) por encima de la lógica y la coherencia. Está a sólo dos pasos de convertirse en un festín de la basura como "True Blood" (pero sin sexo todo el rato) y lo sabéis. No es lo mejor que puede ofrecer la tele y en cinco años la habréis olvidado.

En definitiva, los únicos "Boys" que me gustan son los que cantaba Sabrina.



P.D. Mención especial a las camisetas cutrísimas de grupos musicales viejos que lleva el protagonista. Se nota pero MUCHO que las diseñó todas (salvo la de los Ramones, baratos hasta el final) un becario en una tarde porque sería muy caro usar nada parecido a una camiseta real.

He comprado camisetas de 3 euros en un mercadillo mejor que estas


P.P.D. Me decepciona mucho, mucho, MUCHÍSIMO que Giancarlo Esposito se rebaje a hacer de Gus Fring en una serie infinitamente inferior a las dos de las que viene.

Uno de estos dos se supone que NO es Gus Fring. Que me aspen si sé cuál.


miércoles, 26 de junio de 2019

198X, una experiencia auténtica de una década

Esta es mi reseña con motivo de la publicación en Steam de este extraño híbrido de película de animación con un videojuego. Será una de las breves ocasiones en que os encontréis algo que se puede describir de forma precisa como "una película con fases jugables".

Resultado de imagen de 198x

"198X" es especial. Para empezar, no me atrevería a llamarlo "juego", sino más bien "experiencia interactiva". Lo que te encuentras en realidad es una especie de cortometraje melancólico que de vez en cuando te permite jugar a una fase de un arcade como los de los años 80.

Nuestra partida empieza fuerte, con una recreación impecable de "Final Fight" (aunque lo suficientemente cambiado para no violar su copyright), sin excesiva dificultad (puedes usar "continues"), pero cuando vamos a acabar la fase, la cámara se aleja como si el juego en realidad no fuera importante (porque en realidad no lo es). Y ahí es donde empieza la historia.

En las escenas no interactivas vemos con un pixel art precioso a una chica andrógina que vive en las afueras de una ciudad en la más absoluta mediocridad. El efecto es extraño, porque a la vez ese ambiente tan apagado y que no pase absolutamente nada nos hace comprender el agobio vital de la protagonista, pero a la vez la absoluta maestría de los grafistas y la música nos hace comprender también que fue una época mágica e irrepetible. Una ciudad exageradamente futurista se alza sobre este barrio residencial como un monstruo de videojuego. A continuación, la protagonista descubre un salón recreativo que la hipnotiza, y pasamos al segundo juego, un clon de "R-Type" (el shoot'em up prototípico). Nuevamente, es una única fase bastante fácil (o al menos se vuelve fácil al darte cuenta de que cualquier nave enemiga, por fuerte que parezca, caerá enseguida si dejamos pulsado el botón y usamos el disparo cargado).

Tras otra escena no interactiva que reincide en lo mismo, en el vacío de su vida adolescente, se produce un cameo del Coche Fantástico (de perfil, para que no resulte excesivamente obvio) y pasamos al tercer minijuego, un clon de "Out Run" perfectamente funcional y no excesivamente difícil, aunque la dirección está un poco dura y a veces para intentar esquivar un choque hay que frenar bastante. Nuevamente, la dificultad no es excesiva y pude llegar al punto de control final sin que se agotara el tiempo. Al final, recibes una extensión de tiempo enorme para poder seguir oyendo la narración completa de la protagonista (totalmente en inglés sin subtítulos, lo que es un obstáculo para los jugadores hispanoparlantes, aunque tampoco importa excesivamente al no haber una trama propiamente dicha más allá de reiterar el tedio en que vive el personaje). Esta última sección ya está diseñada para que se te acabe el tiempo cuando termina la narración.

Nueva escena interactiva: vemos una melancólica escena de la protagonista desayunando con su madre y más imágenes del barrio. "198X" juega a una sola nota: la melancolía del mundo real y la excitación de los videojuegos. Y hasta ahora ha reflejado perfectamente lo que los hace especiales recreando con toda fidelidad tres de los mejores títulos de la época.

Y aquí es donde el juego resbala y se cae al suelo.

El siguiente minijuego resulta desconcertante. Esta vez no es un clon, sino un minijuego original que parece tomar algunos elementos de Shinobi (especialmente en la fase en la que caes eliminando enemigos) y me imagino que otros juegos de ninjas que no conozco. Pero el juego resulta un patinazo total, porque no tiene nada que ver con los años 80: es un "runner" en el que el scroll avanza constantemente hacia la derecha mientras matas enemigos a espadazos y esquivas obstáculos. Aparte de no ser nada ochentero, este minijuego peca de errores de diseño graves como incluir obstáculos que te quitan todas las vidas de un solo toque, y en vez de dejarlo en algo corto pero placentero como los demás minijuegos, se empeñan en alargar la peor parte de "198X" con diferencia en una, dos, tres, ¿cuatro? ¿CINCO fases? ¿Una batalla con un jefe gigante que no puedes eliminar, sólo esquivar?

¿Por qué alargaron la peor parte del juego? ¿Se ilusionaron demasiado con la única parte jugable que habían creado ellos sin ser un facsímil de algo existente? ¿Fue una estratagema mal concebida y mal ejecutada para tratar de alargar el juego y que llegase al menos a las dos horas a partir de las que ya no se puede devolver el juego? No sé, pero fue un error inmenso. Si las reseñas de Steam fueran algo más que "positivo" y "negativo", esta parte haría perder uno o dos puntos a la nota final.

Llega una nueva escena con una narración de añoranza de la infancia, de cómo puedes simplemente perder el tiempo junto a tu familia. Es algo que los jugadores que nos hemos hecho mayores podemos entender perfectamente. La narración termina así: "Aquel día, en el salón recreativo, todo cambió."

El último juego se supone que es otro arcade, pero realmente lo que nos encontramos viene a ser un juego de ordenador, un RPG de tipo "dungeon crawler" en un mapa cuadriculado en primera persona, que mezcla incongruentemente la estética de muy baja definición de los ordenadores antiguos para los mapas y la interfaz con enemigos muy detallados de 16 bits ya prácticamente noventeros. Esta parte está razonablemente diseñada (hay menos de media docena de enemigos, cada tipo vulnerable a uno de tus tres ataques posibles, y también puedes curarte completamente una vez por combate), pero en el juego se va infiltrando lentamente una historia de tensión doméstica a través de la voz electrónica del juego. Al final nos encontramos un enemigo final claramente basado en la villana de cierta famosa serie de "simuladores inmersivos" de ciberpunk para PC, pero cuyo nombre lo identifica como un miembro de la familia de la protagonista.

Y aquí se acaba esta experiencia. Que nuevamente no me atrevo a llamar "juego" (igual que hay gente que no se atreve a llamar juegos a los "walking simulators" o las aventuras de objetos ocultos), porque básicamente lo que tenemos aquí es una hermosa película breve de estética pixel art con interrupciones jugables, que evoca perfectamente una época y un estado de ánimo, pero donde no hay tampoco mucho que hacer en la parte interactiva, ni casi rejugabilidad más allá de algunos logros de esos de "jugar muy bien" y acabar fases sin que te toquen un pelo. Recomiendo "198X", sobre todo cuando esté de oferta, si te atrae la estética y te parece que es una experiencia que puedas disfrutar, pero sabiendo que hace falta un ánimo receptivo para el ritmo lento de sus escenas narrativas y que va a ser breve. También juega a su favor que la experiencia que presenta de los años 80 es bastante auténtica, lejos de imposturas que los presentan de una forma demasiado distorsionada. El juego acaba con "Continuará...", así que supone que habrá una segunda parte. Tengo ganas de ver lo que hacen, y ojalá consigan mantener los puntos fuertes, que son excelentes, y limar los defectos.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

CTHENTHOLHU

Photoshop de CHEMA PIZARRO, basado en una idea de un servidor.


domingo, 13 de marzo de 2016

Adiós a los titanes (+ bonus tracks)

Anteayer fue 11 de marzo. Todos los españoles sabemos lo que supone esta fecha, sus macabras implicaciones. A la sombra de ese día, ayer recibí la más terrible noticia. Keith Emerson, el hombre que me arrastró para siempre al "prog rock", el equivalente en los teclados a Jimi Hendrix, se quitaba la vida al parecer de un disparo en la cabeza. Esa cabeza de la que habían salido obras maestras como "Tarkus" o como "Karn Evil 9" (mi canción favorita de todos los tiempos), y que pensó que ya no merecía la pena seguir viviendo al haber empezado a sufrir parálisis en los dedos y haber perdido la utilidad de dos de ellos. Sintiéndose hundido igual que un ingenio siempre ágil como el de Robin Williams al ver que empezaba a írsele la cabeza, Keith Emerson pensó que no era nada sin sus dedos. Es el poder asesino de la depresión, que nos impide ver lo bueno que tenemos y nos hace ver sólo lo que perdemos, o lo que nunca podremos tener si no lo tuvimos.

Por si no fuera suficiente, ayer también falleció súbitamente y con sólo 45 años Alejandro Blanco, el bajista desde hace 22 años de mi grupo español favorito, los Ilegales. Ese músico siempre sonriente y al que le quedaban tantos años de música por delante. Quiero recordarlo con este vídeo en el que se le ve haciendo lo que mejor sabía hacer (y en el que también se me ve a mí en primera fila cuando enfocan al público):

https://www.youtube.com/watch?v=xnLLv067Tl0

Descansen los dos en paz.


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*Entrada adicional*  EL MUNDO DE LOS SUEÑOS

Agotado tras este funesto 12 de marzo, me fui a la cama muy temprano y dormí montones de horas, como nunca suelo dormir. Esta larga sesión sólo la interrumpieron mis ganas de ir al baño. (¿Qué pasó al final del sueño de la Bella Durmiente o de Rip Van Winkle? ¿Nacieron las cataratas del Niágara?) Al abrir los ojos miro mis notificaciones del Tuiter y me encuentro la agradable sorpresa de una #fototetas (un #giftetas en realidad). Pero a lo que vamos. Todos los días duermo menos horas de las que me corresponde, lo que tiene el afortunado efecto secundario de que no sueño. Pero hoy sí me asaltaron los sueños, esas ideas incontrolables y crípticas que regurgitan las experiencias del día anterior, y nos obligan a confrontar dos cosas: lo que anhelamos y lo que tememos.

Mi sueño de anoche fue este: Estaba en una fiesta de empresa en Oviedo (!), y al ir haciéndose tarde, al no tener motivo para seguir allí, salí inmediatamente después que una compañera para irme a mi casa en Trubia. Pero al ser medianoche se supone que no pasan los autobuses, así que fui acompañando a la compañera hasta el portal (al principio de la calle Uría, junto a la estación de la Renfe) y ya me iba despidiendo, pero ella, al comentarle mi situación, me dijo "oye, si quieres puedes subir para estar conmigo". En ese momento paró a escasos metros de mí un autobús "L-3", y salí corriendo a cogerlo sin saber si era el mío o no (porque recientemente en Oviedo, y eso no es el sueño, es real, algún tarado rehizo completamente la distribución de líneas y su nomenclatura, creando un pifostio de los que hacen historia.) Sólo al dejar atrás a esta chica lo que me dijo "se registró" en mi cabeza, como dicen en inglés: no me ofrecía una cama para dormir, sino que me ofrecía "estar" con ella. Ay, ay.

Por supuesto, el autobús "L-3" de este sueño no iba a Trubia, así que tuve que bajarme. Ahí también me di cuenta de otra cosa: de niño yo había vivido en Trubia, pero ahora... ¡tenía un apartamento en Oviedo! Todo aquel paripé era inútil. En realidad, medianoche no era tan tarde y podía estar un rato más en la fiesta. Fui a la calle Toreno.

En aquella calle había un hotel. Se abrieron las puertas y salió un empleado mirando que no hubiera nadie en la calle, despejándola. Junto con otro empleado, se pusieron a esperar. Al poco alguien saltó por la ventana, del octavo piso. Pararon su caída. Siguió tirándose gente. (¿Había un incendio? No se veía fuego.) Se tiró una chica que no tuvo tanta suerte y cayó sobre un coche, me dio mucha pena el golpe. Pero no fue un tortazo de octavo piso de quedarse espachurrado, tuvo sólo el efecto de caerse de un segundo o tercer piso. A la siguiente persona que saltó, ya había un grupo de gente con una lona que la detuvo. Luego saltó por sorpresa otra persona, separándose mucho más de la acera, pero ya estaba por allí cerca otro grupo con una manta mucho más grande y la salvó. Final feliz.

Ah, el mundo de los sueños.


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*Segunda entrada adicional*  NIEVA EN MI CORAZÓN


Cuando pasé un tiempo en Irlanda hace diez años, usé cuatro discos como tabla de flotación:


Spock's Beard - SNOW
Neal Morse - TESTIMONY
Neal Morse - ONE
Brian Wilson - SMiLE


Neal Morse compuso y grabó el disco cumbre de Spock's Beard, SNOW, y después dejó el grupo sin llegar a tocar el disco en directo.

Ayer, el funesto 12 de marzo de 2016, recibí un email de la discográfica de Neal Morse informando a sus clientes de que el 15 de julio, a menos de 100 Km. de mi casa, el grupo se reunirá (parece que con la misma formación de entonces, si es cierto lo que me dijeron cuando les pregunté por la presencia del batería) para interpretar "Snow" en directo.

Pase lo que pase, siempre quedan razones por las que vivir.


sábado, 12 de julio de 2014

Costas - Gijón 2014

Si habéis leído entradas anteriores de mi blog sabréis de mi admiración sin límites por Miguel Costas. ¿Para qué reiterar lo ya dicho? Ahora voy a abrirme a otras opiniones.

Un colega me dijo que iba a ver su actuación en la Semana Negra. Me preocupaba cuál podía ser su opinión porque esta persona es un intelectual muy exigente, que no se conforma con poco. Era fan de ST en los viejos tiempos, pero llevaba muchísimos años sin seguirle la pista a Costas. ¿Qué le parecería el concierto? Pues acabo de recibir su respuesta:

Ah, que te escribía porque acabo de ver a Costas: este tío era el que sabía hacer canciones (e himnos) en Siniestro. Vengo afónico. Y son tan buenas las que hace ahora como las míticas de entonces. Una banda solvente (no me quiero imaginar lo que sería con los Siniestro del 93, con Soto de guitarra solista, dos de ritmo y el pedazo de bajista que tenían entonces -y ya no tienen-). No suena a pose (como Julián Hernández, que suena a pose hasta en las entrevistas), ni a "vieja gloria" o autoparodia: este tío toca tal y como tocaba entonces, con honestidad y mucho sentido del humor. Además incluyó joyas del primer Lp, mi favorito... ¡hasta "Nocilla"!  
Ahora entiendo el bajonazo "inexplicable" de "Policlínico Miserable".

Pues lo dicho, y está muy claro. Y aunque ya tuve la ocasión de ver a la "Banda Turca" de Costas en Lugo hace unos años, lamento mucho la ocasión perdida de oír NOCILLA, ¡QUÉ MERENDILLA! en vivo.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

El rey panzudo en Ixuxú

Fran Molinero me ha invitado a participar nuevamente en su programa de radio "Ixuxú", así que inauguro una pequeña sección en su espléndida edición conmemorativa "5 años, 50 programas" dedicada a la radio:

http://ixuxuradio.blogspot.de/2013/11/ixuxu-n50-especial-v-aniversario-la.html

https://archive.org/details/Ixuxu50Radio

Se me puede escuchar con sonido cochambroso (eeeh, homenaje a Eduardo Haro Tecglen sin duda... No, la verdad es que los únicos micrófonos que tengo en casa son los del Singstar de la Play) en el minuto 40, ensandwichado entre una sección musical dedicada a Gong por otro antiguo compañero musical, Pedro Menchaca, y un espléndido ajuste de cuentas de Fran M. dedicado a las mayores miserias de su experiencia en la radio.

Por tener la gentileza de invitarme a salir en su programa (y de Dimas Espina, a quien aún no tengo el gusto de conocer), le voy a perdonar a Fran la faena de invitarme a hablar de la RRRADIO, con lo mal que pronuncio la letra "R", y el incordio de esos pequeños recortes de silencios que me ha hecho, porque a los amigos siempre hay que apoyarl

lunes, 30 de agosto de 2010

El cuarto aniversario

Hoy ha sido mi primer día en la nueva oficina al sur de Frankfurt. Resulta duro tener que levantarse una hora más temprano todos los días y tener que depender del transporte público, pues antes me bastaba con dar un breve paseo y ya estaba en el trabajo. Supongo que en unos días me acabaré acostumbrando; sólo necesito más tiempo.

Según mi agenda, hoy también se cumplen cuatro años del día en que dejé de estar en Senogul, el grupo que co-fundé en verano de 2002, con lo que ya llevo tanto tiempo fuera del grupo como lo estuve dentro. Por aquel entonces la música era lo más importante para mí, pero se puede decir que tuve suerte: gracias a esa ruptura pude ponerme a trabajar en serio como traductor, venirme a Alemania y tener una familia. La alternativa habría sido quedarme en Asturias sufriendo la deriva del grupo hacia un tipo de música por el que no sentía interés, y así he podido tener la oportunidad de trabajar como traductor en series de videojuegos como Animal Crossing, Super Mario Galaxy (en un juego ya considerado "uno de los mejores de la historia") y Donkey Kong. Cuando una puerta se cierra, otra se abre.

Slash habla de su antiguo batería

De la autobiografía de Slash.

"La impresión que tenía yo era que a Axl no le caía bien Steven. Steven tenía un entusiasmo incontenible por la batería, por el rock y por la vida en general. Era hiperactivo y resultaba muy divertido estar con él. Pero también era brutalmente honesto y no se callaba sus opiniones con Axl ni con nadie del grupo. A menudo al dar su opinión le plantaba cara a Axl, y esa no era la forma en que Axl funcionaba. Steven no ponía filtros y decía exactamente lo que sentía, sin andarse con ningún rodeo. Duff y yo estábamos acostumbrados y no nos lo tomábamos totalmente en serio, así que nos era posible no hacerle caso. Pero Axl era más sensible que nosotros, algo que Duff y yo también entendíamos. Con Axl, yo no quería frenar las cosas en un ensayo o en el estudio plantándole cara con respecto a sus retrasos o lo que fuera. Pero Steven podía hacer un comentario o plantarle cara y eso nunca funcionaba. Pero no se podía calcular nada con Steven; lo que soltaba siempre era verdad; era un efecto secundario inocente de su personalidad. Por desgracia, al enfrentarse al nivel de sensibilidad hiperemocional de Axl, estoy seguro de que Steven ofendió a Axl demasiado a menudo sin darse cuenta siquiera. Puedo ver cómo Steven le dio a Axl sin querer donde más le dolía; pero dicho esto, no creo que Axl nunca reconociera con justicia lo que Steven aportó a Guns musicalmente, lo que era una dinámica que creo que le dolía a Steven. ¿Pero qué sé yo? Seguro que hay mucho más que eso, cosas de las que yo no puedo decir nada.

Axl dejó claro lo que pensaba de Steven ya en la preproducción de Appetite. Cuando estábamos a punto de terminar el disco, llegó la hora de discutir el reparto de créditos por la composición de las canciones. Hablamos de ello en el escenario de los Burbank Studios, y alguien propuso que como grupo tendríamos que repartir los royalties a partes iguales entre los cinco: un 20% para cada uno.

Axl frunció el ceño. "Ni de coña Steven se va a llevar un 20%, lo mismo que yo, ni hablar...", nos dijo. "Yo quiero el 25% y Steven se lleva el 15%. Es un batería. No contribuye a la composición de la misma forma que el resto de nosotros." Ese fue el compromiso que aceptamos: Axl se llevó el 25%; Izzy, Duff y yo el 20%; y Steven el 15%. Creo que a Steven esto le dejó marcado para siempre."

lunes, 30 de marzo de 2009

Salgo del armario al fin

Llevo muchos años guardando esto para mis adentros, pero ya me he cansado de ocultarlo.

Me gusta el LOVE BEACH.

Me da igual que la portada muestre lo que parece ser un trío de imitadores de los Bee Gees marcando paquete. Que el grupo haya descarrilado por la lucha de egos gigantescos y la deriva hacia las canciones pop impuestas por Greg Lake. Que las letras muestren lo peor de Pete Sinfield (que para algunas personas es un letrista con sólo dos resultados, "malo" y "peor"). Que incluya una canción llamada "el sabor de mi amor" cargada de metáforas sexuales macarradolescentes dignas de Spinal Tap (ya os la traduciré algún día). Que parezca que el disco está grabado en directo de mal que suena (en vez de un estudio, para mí que montaron los micrófonos en un chiringuito playero para disfrutar del sol de las Bahamas). Mil cosas se le pueden sacar al álbum este...

...pero el caso es que me gusta escucharlo, y no es broma. ¿Será que la edad me ha afectado las neuronas? Sigue habiendo grandeza dentro de este disco. Lake aún tenía su voz angelical intacta, antes de que se le pusiese casi como la de Joaquín Sabina. Palmer ya había iniciado la pendiente hacia convertirse en un mal batería después de haber sido uno de los tres o cuatro mejores del mundo, pero todavía no se notaba mucho. Emerson todavía era Emerson, El Grande. En medio de una canción pop, sigue habiendo un giro que cambia toda la canción hacia territorios progresivos (en esta canción hay cambios para todos los gustos, y el paso de una sección acústica emotiva a una parte a lo "Pirates" en 11:11 es absolutamente épico...).

La lección del disco es que los grupos deben hacer lo que mejor se les da, no lo que alguien del grupo cree que deberían hacer. Ir contra ese principio destrozó la reputación del grupo, y no volvieron a levantar cabeza desde entonces. Quizás es por eso por lo que todos los fans del progresivo sin excepción odian "Love Beach": por matar a ELP como fuerza creativa más que por su contenido propiamente dicho. Porque la verdad es que es mucho mejor que lo que vino después. La verdad es que lo que vino después no lo puedo defender ni yo, y Emerson no resucitó creativamente hasta su reciente disco con Marc Bonilla, treinta años después.

Increíblemente, existen seres humanos en el mundo a la que le gusta "Love Beach" aún más que a mí. ¡Vean, vean!