En los últimos años, el trabajo de traductor se ha puesto cuesta arriba, como tantos otros, debido a que ahora hay unas maquinitas en las que pulsas un botón y pum, te sale en unos instantes todo traducido al idioma que quieras. Con lo cual está claro que a medio plazo nos iremos todos a la calle y sólo ganamos tiempo para ver si llegamos a jubilarnos de milagro, aunque algunos no lo vamos a conseguir (yo ya tengo 48 años, tarde para redirigir mi vida y pronto para retirarme). Este bajón es muy evidente en mi campo, y para sobrevivir he tenido que aceptar desde hace un par de años ir traduciendo casi en exclusiva una serie coreana tras otra, siendo la calidad de la mayoría de ellas bastante ínfima, aparte de lo desaconsejable que es traducir por idioma interpuesto (aunque por suerte las traducciones inglesas son muy detalladas y con abundantes notas, lo que me permite muchas veces puentear sus soluciones y buscar otras o acercarme más a la lengua original que ellos). Esto no es lo que desearía hacer, pero claro, no tengo más remedio, así que he terminado aceptándolo y hasta buscándolo, porque sé que el mes que tenga una de estas series me va a dar para pagarme el piso y la comida, y la vida está muy cara en Alemania.
Así he ido encadenando una producción tras otra, y tratando de encontrar algo de lo que sentirme orgulloso, me aferré a "Un chico ejemplar" (Good Boy, 2025) como la serie menos mala de las que me asignaron, como serie policiaca de acción cuyos protagonistas se suponía que eran exmedallistas olímpicos reconvertidos en policías (?!). Comparado con las basuras que había hecho antes, esta resultaba una superproducción, con numerosas escenas de acción y una cierta exuberancia, aunque claro, a partir de cierto punto los giros de guion se volvían más y más absurdos y al final era todo un disparate, con el malo determinado a reventar la ciudad y con el bueno combatiendo no sólo su maldad sino la destrucción irreversible de su cerebro tras tantas hostias que se lleva en la cabeza a lo largo de la serie (¡y eso que ya partía de ser un boxeador que se había tenido que retirar por eso!), aunque al final de la serie ya está curado mágicamente, como cuando pasas de una peli de Rocky a otra. Todo puntuado por continuos anuncios de Kopiko en mitad de una escena, algo que no falta nunca en estas series. Al final, lo único bueno de todo era el malo, un actor con mirada de hielo llamado Oh Jung-se que ya había hecho el pequeño (y ridículo) papel del "Señor Gen Egoísta" en otra serie de las que había traducido, y candidata a ser la peor por la arbitrariedad de su trama y sus valores ultrarrancios, "Si las estrellas hablaran" (sentí cierta validación cuando pese a su presupuesto millonario, con efectos especiales espaciales como de película de Marvel, se estrelló en audiencia). Ahí también había salido como ser sin sentimientos, apuntando a cierto encasillamiento. La diferencia es que en "Un chico ejemplar" era el gran villano, y estaba francamente bien.
Tras hacer un pequeño cameo en "Encantado de no conocerte" (otra serie más que tuve la suerte/desgracia de traducir que empezaba interesante y mostraba mucha ambición, jugando con la baza de contar con el actor de "El juego del calamar" pero que luego se iba volviendo cada más ridícula y a desinflarse hasta quedar en nada) como director de cine que pretende darle un papel bastante malo al protagonista, y desconcertándome porque su personaje al fin sonreía, Oh Jung-se ha vuelto a interpretar a un director de cine en la serie de la que ahora quiero hablar, "Hacemos lo que podemos".
Esta serie resulta muy distinta, algo que deja muy claro desde el principio. Se abre con Oh Jung-se, que en sus series anteriores había sido tan gélido que casi parecía un Takeshi Kitano coreano, contando con pasión sus fantasías de asesinar al que no sabemos aún que será el protagonista (aunque por poco). El nivel de violencia de esta ensoñación/argumento para una historia resulta una de las notas curiosas de la que se supone que es una comedia amable, o eso dábamos por hecho. Porque la serie realmente no es para toda la familia. Está claramente dirigida a espectadores adultos, con un reparto de gente mayor de 40 años (con la excepción de la chica coprotagonista, un personaje de 30 años interpretado por una actriz de 29) y escrita por una señora de 50 años, autora también de "Mi diario de liberación". Y pronto resulta evidente que lo que pasa no es tan importante como la forma en la que actúan los personajes y lo que sienten. Es un retrato de personajes, lo que hace que tengamos que cambiar el chip. Al no ir arrastrando al espectador del cuello de un giro de trama sorpresivo a otro para ver qué pasa a continuación, eso hace que ni siquiera sera necesario abusar tanto del mayor tópico de las comedias coreanas: la sucesión de casualidades extremadamente improbables. Y digo "tanto", porque por supuesto las hay, pero al menos tienen una buena justificación: que el cine es un mundillo endogámico habitado por un pequeño puñado de personas, con lo cual tampoco es tan poco razonable que todos los personajes acaben encontrándose en el bar Agit, un negocio secundario que tiene Ko (la esposa del personaje de Oh Jung-se) en el piso de abajo de su productora.
Sin embargo, tras ese arranque conoceremos al que acabaremos entendiendo que es el verdadero protagonista, Hwang Dong-man, un personaje absolutamente cargante con comportamientos inmaduros que le hacen parecer mucho más joven pese a ser cuarentón, presentando el único recurso más o menos "fantástico" pero plausible: un reloj que le permite saber las emociones que siente en cada momento, algo que le sirve como herramienta de autoevaluación que compartirá con la protagonista femenina. Dong-man es un personaje con auténticos y graves defectos, y la serie no hace el menor intento de suavizarlos, añadiendo un grado de complejidad muy interesante que no suele verse en estas series (o al menos en las que yo he sufrido): tiene defectos reales que tienes que hacer el esfuerzo de perdonar, haciendo un acto consciente de valorar a la persona y su contexto. Porque el personaje también tiene buenas cualidades, claro. Y ahí es donde hace acto de presencia la protagonista femenina, que parece ser la única persona capaz de valorar y apreciar sus virtudes y su honestidad, aunque él llegue a hacerle daño en alguna ocasión (porque eso siempre va a pasar). Una cosa que deja muy clara la serie es que nadie es perfecto, o al menos nadie humano. Además, la serie mantiene la integridad de sus personajes (aun reconociendo la posibilidad de evolución personal y aprendizaje) y promete explícitamente en sus diálogos que no habrá una conversión mágica en la que el protagonista dejará atrás todos sus defectos.
Precisamente, la serie va haciendo equilibrios con los defectos y virtudes de cada personaje, y si peca de algo es de un cierto buenismo, porque está hecha de tal modo que acaba cayéndote bien todo el mundo. El ambicioso e intransigente productor Choi debería ser realmente odioso, por lo mal que trata a los protagonistas, pero está interpretado con tanto carisma por Choi Won-young que no puedes odiarle como se merece realmente, como el depredador traicionero que es. Es que hasta el prestamista/usurero que amenaza al protagonista acaba desinflándose con un giro inesperado que le convierte en un personaje cómico (sin degenerar en el trazo grueso de los personajes designados en las series coreanas como "alivio cómico"). La serie se las arregla para que los personajes más odiosos y tiránicos te caigan bien por la fuerza de su carisma, algo que no sé si es algo pretendido en el guion o una consecuencia del guion o de las interpretaciones.
Algo que se puede apreciar en estos personajes es que tienen un lado profesional y otro personal, y en cada caso vamos viendo distintos grados de equilibrio (o falta de él), porque el lado profesional va vaciando el aspecto personal, vampirizándolo, y así vemos a la actriz mayor que destruyó a su familia para triunfar, al poeta obsesionado con el propósito de la vida de cada persona que dejó de escribir al perder a su familia, al director al que le cuesta estar en paz con su mediocridad... Precisamente el título original de la serie significa en coreano "Todos luchan contra su propia sensación de inutilidad". Curiosamente, el que no tiene ninguna duda de sí mismo es el desalmado productor Choi, cuya vida personal parece totalmente inexistente, seguramente porque no se muestra, pero que siguiendo esta lógica podría ser porque toda su existencia se centra en lograr el mayor éxito a base de apostar por el caballo ganador, aunque sea a base de zancadillas a los demás. Y sin embargo, esto no se muestra de modo odioso. Incluso los personajes más odiosos, la actriz mayor que abandonó a su hija y va robando papeles, y el actor mayor celoso de los actores jóvenes que pueden hacerle sombra y a los que agrede físicamente, llegan a tener pequeños gestos de redención que hacen que cueste odiarlos pese a que son objetivamente despreciables. Y quizá ahí esté un punto de la serie que me lleva a hacerme preguntas: ¿cuánto de todo esto es intencionado y cuánto es autocensura para no pisar callos y no salirse de las convenciones televisivas coreanas?
El aspecto de la autocensura televisiva hay que tenerlo en cuenta, porque la televisión generalista siempre ha sido un medio muy restrictivo por eso de que en teoría lo pueden ver niños en cualquier momento, incluso cuando en un caso como este la serie está claramente dirigida a adultos y sería mortalmente aburrida para un chaval que la vea. En este caso, el contenido de la serie parece apuntar a adultos (hay disparos en la cabeza en las fantasías del director matando a los personajes que le irritan, y bastantes tacos) y por ejemplo hay referencias algo subidas de tono y tirando a turbias como cuando se menciona que cuando iban juntos a la universidad, el protagonista y el antagonista de jóvenes veían porno juntos (?!), o cuando un personaje femenino dice claramente "no hay nada mejor que el sexo" pero luego no se atreve a consumar la evidente tensión sexual que tiene con el director con el que trabaja, aunque sí se muestran los efectos de ese adulterio implícito. Y eso sin contar a la actriz famosa tan incompetente que el único modo de actuar bien que tiene es creerse su papel de verdad, lo que le lleva a enamorarse de su coprotagonista y *claramente* a acostarse con él, y la serie te dice que que no lo ha hecho... ¡sólo que su comportamiento y el de los demás personajes es que sí ha ocurrido! Esa autocensura con el sexo y la intimidad también resulta obvia cuando los protagonistas ya están claramente definidos y nombrados como "novios" y sin embargo no se besan jamás, optando para su escena de acercamiento personal en una interesante escena en la que ella le mete a él dentro de su jersey, algo que a nivel de idea es fascinante y vagamente erótico, pero que, según comentó mi revisor, "hay que ver qué vueltas dan para no sacarlos besándose". Lo que está claro es que esta serie ha optado por dejar ciertos aspectos de modo que el espectador tenga que "unir los puntos", lo que tampoco es malo, pero quizá choca con el tono adulto en el que se habría agradecido más naturalidad para tocar ciertos temas.
El caso es que se trata de una serie adulta que contiene reflexiones interesantes sobre lo que es ser un artista y el precio personal que pude tener, todo apuntado con pinceladas más que con brochazos, llegando incluso a recordar la existencia de ese monstruo, la "IA generativa", en el último episodio. Reconozo que hace falta cierto compromiso para verla, al no basarse en los giros de trama y la expectación por ver qué pasa, y de hecho, el gran giro de trama que lo cambia todo se produce bien avanzada la serie y totalmente por sorpresa, pero por otro lado con bastante lógica, cuando la productora Ko se cabrea tanto con el protagonista que alcanza su límite y decide tomar una decisión drástica, poniendo de pronto una meta conseguible para un personaje que no esperaba nada de la vida (y que quizá tiene un "reprise" menos convincente cuando su cháchara convence también al actor famoso de implicarse). Pero se trata de una serie bien escrita, íntegra y con reflexiones interesantes sobre la frustración de un creador. A mí me ha dejado con buen sabor de boca, como traductor y como espectador.
En definitiva, y sin que sirva de precedente, sí que me atrevo a recomendar que veáis "Hacemos lo que podemos" en Netflix: https://www.netflix.com/title/82189639
Espero que no os decepcione mucho... como tampoco esperan decepcionaros sus personajes, aunque al final lo hagan.
P.D.: Tras escribir esta reseña, hice una búsqueda en internet y me encontré con este hilo de Reddit en el que dicen, entusiasmados tras ver los primeros episodios, que esta serie es una obra maestra. Yo tampoco he dicho eso, he dicho que es muy buena y que a mí me conquistó, pero os dejo también esa impresión. Eso sí, es la primera impresión, y me gustaría saber qué pensaron tras ver el final de la serie.
P.P.D. ¡¡¡SPOILER!!! ¡NO SIGÁIS LEYENDO SI NO HABÉIS VISTO LA SERIE! Me costó SANGRE no traducir lo que dice el protagonista cuando revela que le han saltado los dientes a puñetazos como "¡Piños fuera!". A vosotros os lo cuento porque hay confianza.



