martes, 30 de mayo de 2017

La era de la temporalidad

"¡Rico! Necesito un cabo. Lo serás tú, hasta que mueras o encuentre a alguien mejor."

Hay muchas opciones entre las que elegir en esa gran película tan abarrotada de cinismo como es "Starship Troopers", pero para mí quizá esa frase del teniente Rasczak sea la que mejor defina el estado de las cosas en esa utopía fascista. Carmen Ibáñez, el interés amoroso del protagonista, no tiene absolutamente el menor reparo en mandar a paseo a su novio Johnny Rico cuando la jerarquía militar los separa, quedando ella en una posición elevada a los controles de una gigantesca nave y siendo él un mero soldado raso dados sus mediocres resultados académicos. Por su parte, Rico tampoco es que muestre demasiadas dudas para dejarse querer por otra chica que no le interesa.

Esto no es Buenos Aires en el s.XXIII, pero parece que ya hemos empezado a andar en esa dirección. En el mundo occidental de 2017, la provisionalidad, la deshumanización y la falta de compromiso ya son parte de nuestras vidas. Después de que en la década de los noventa llegasen las infames ETTs ("empresas de trabajo temporal") y comenzase una implacable demolición del trabajo indefinido, dejando a todos los jóvenes sin la posibilidad de construir una vida estable como la de sus padres, hemos acabado en una distopía donde la gente está encerrada en casa de sus padres buscando ofertas de trabajo casi esclavistas en Infojobs mientras matan el rato descargando series de internet compulsivamente. El anterior proceso de cortejo de mantener conversaciones tomándote algo por ahí el fin de semana ha quedado reducido a usar "apps de contactos" en las que ellos van dando a "me gusta" a todas las chicas que les salen y ellas van rechazando chicos tras ver su foto medio segundo y borrando cada día docenas de mensajes que tan sólo dicen "hola, quieres rollo?".

De aquellos matrimonios eternos que se habían casado muy jóvenes y pudimos ver envejeciendo y muriendo juntos juntos, incluso en algunos casos de incompatibilidades severas de carácter, hemos pasado a una masa enorme de treintañeros sin pareja. Hay demasiados hombres-niño absolutamente incapaces de mantener una conversación con las mujeres, que además ahora no permiten que se acerque cualquiera fácilmente al ser conscientes del elevado número de desaprensivos sueltos (y como si el mundo no estuviera ya bastante estropeado, encima la misoginia se ha organizado y hecho fuerte en internet). Las personas que sí saben ligar no tienen reparos en mandar a su pareja a paseo en relativamente poco tiempo por roncar, meterse el dedo en la oreja o por cualquier defecto "inadmisible" de carácter o costumbres. El umbral de tolerancia se ha reducido mucho porque todos están a la búsqueda del "match" de 98% en el OKCupid, y la frase "hay más peces en el mar" parece ocupar siempre algún rincón de nuestro cerebro junto a un enorme botón de EJECT para poner fin a las relaciones sin echar la vista atrás.

Todavía quedan las eternas parejas tranquilas que llevan juntas como quienes llevan un colmado juntos, planificando cuidadosamente su vida en común, y a los treinta y pico dicen "bueno, habrá que tener hijos, ¿no?". Pero es significativo que en los dos casos que he conocido de compañeros españoles de mi oficina aquí en Frankfurt, ninguna de las dos parejas se ha casado. Los lazos matrimoniales han pasado de considerarse "estabilidad" a ser una soga en tu cuello. Como dicen en "Heat", no admitas nada en tu vida que no puedas dejar en treinta segundos.

Porque en los ejércitos del amor del siglo XXI, ya no eres cabo hasta que mueras. Sólo lo eres hasta que la otra persona encuentre a alguien mejor.

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